Disrupción y productividad: la milla medida
Por qué la disrupción no es lo mismo que el atraso, en qué consiste la milla medida y qué registros exige para sostener la pérdida de productividad.
Un proyecto puede terminar en la fecha comprometida y aun así haber costado mucho más de lo previsto en mano de obra. Las cuadrillas trabajaron con interferencias, cambiaron de frente, rehicieron partidas, esperaron materiales. Nada de eso movió necesariamente la fecha de término, pero sí destruyó rendimiento. Eso es disrupción, y se analiza distinto que un atraso.
Atraso y disrupción no son lo mismo
El Protocolo de Atrasos e Interrupciones de la Society of Construction Law separa ambos conceptos desde sus primeros párrafos: cuando habla de atraso se ocupa del tiempo, y cuando habla de disrupción se ocupa de la productividad de las actividades de trabajo.
La consecuencia práctica es importante: la disrupción es independiente de la ruta crítica. Se puede sufrir pérdida de productividad en actividades que nunca fueron críticas y, aun así, tener derecho a reclamar el costo asociado. Por eso un análisis de impacto en el tiempo no responde esta pregunta: mide plazo, no rendimiento.
El Protocolo define la disrupción como una perturbación, un obstáculo o una interrupción de los métodos normales de trabajo, con menor eficiencia como resultado. Y agrega una advertencia que ahorra discusiones: la disrupción no es simplemente la diferencia entre lo que el contratista planificó y lo que efectivamente ocurrió. Esa diferencia puede deberse a una oferta optimista, y eso no lo paga nadie.
La milla medida
El método más aceptado para cuantificarla es la milla medida. Según el Protocolo, es el más ampliamente aceptado para calcular la pérdida de productividad, siempre que existan los registros necesarios.
Consiste en comparar la productividad alcanzada en las áreas o períodos afectados con la alcanzada en actividades idénticas o similares en áreas o períodos no afectados. Su fortaleza está en que considera solo efectos reales del proyecto, con lo que desaparecen dos discusiones habituales: si los supuestos de rendimiento de la oferta eran razonables y si el contratista es eficiente en general. La comparación es contra el propio proyecto.
La práctica recomendada 25R-03 de AACE International apunta en la misma dirección: prefiere la comparación contra trabajo no afectado del mismo proyecto cuando existen datos suficientes. Y señala el obstáculo real: la productividad rara vez se registra de forma contemporánea en obra.
Qué exige para ser creíble
- Comparar lo comparable. El Protocolo lo pide de manera expresa, con un ejemplo útil: no se compara el período de curva de aprendizaje con el trabajo posterior ya rodado.
- Un período base suficientemente largo. Debe ser una muestra confiable de desempeño no afectado, no una semana buena elegida a conveniencia.
- Registros de horas y de unidades producidas. Sin horas-hombre por unidad no hay milla que medir.
Philip Barnard, en un documento de Interface Consulting, agrega una restricción poco conocida: la milla medida es un concepto, no un procedimiento. No existen reglas estándar, así que depende del criterio del analista, y la causa más frecuente de rechazo es tomar una muestra demasiado amplia. Los criterios de comparabilidad que recoge de la literatura son concretos: trabajo sustancialmente similar, mismo nivel de destreza, mismo tipo y complejidad, entorno similar, y excluir del análisis el primer y el último diez por ciento del trabajo.
¿Y si no hay ningún período limpio? El Protocolo responde: puede ser preferible identificar el período de menor disrupción, asumiendo que el resultado subestimará la pérdida real.
Los métodos que valen menos
El Protocolo ordena las alternativas por fiabilidad decreciente: primero los estudios específicos del propio proyecto, después la comparación entre proyectos y por último los estudios generales de industria. Sobre estos últimos advierte que son criticables por teóricos y deben usarse con cautela.
Dos prácticas quedan expresamente desaconsejadas. La primera es agregar un porcentaje a los supuestos de productividad de la oferta sin análisis que lo respalde. La segunda es sostener el reclamo solo con costos: los métodos basados en costo son los que menos respaldan una reclamación de disrupción, y difícilmente persuaden cuando existe un método basado en productividad razonablemente aplicable.
Qué hacer durante la obra, no después
La milla medida se hace posible o imposible mucho antes de que exista un reclamo. Depende de datos que solo se pueden levantar mientras la obra avanza:
- Registrar horas-hombre por partida y por frente, no solo el total de la semana.
- Registrar cantidades ejecutadas en la misma unidad en que se mide el rendimiento.
- Dejar constancia de cada interferencia con fecha, frente afectado y causa, en el Libro de Obras y en la correspondencia.
- Guardar las actualizaciones del cronograma tal como se emitieron, que sitúan cada evento en el tiempo.
- Separar desde el principio lo que afectó el plazo de lo que afectó el rendimiento, porque se prueban con análisis distintos.
Una última precisión sobre el alcance de las fuentes: la preferencia del Protocolo SCL por la milla medida se refiere a disrupción. Para el análisis de atrasos, su segunda edición ya no fija un método preferido, como explicamos en as-planned versus as-built.
Fuentes
Documentos en los que se apoya este artículo. Los enlaces llevan a la publicación original o a la ficha oficial del documento.
- Society of Construction Law (2017). Delay and Disruption Protocol, 2nd edition Parte B, párrafos 18.1 a 18.24: definición de disrupción, jerarquía de métodos y milla medida.
- AACE International (2004). Recommended Practice 25R-03: Estimating Lost Labor Productivity in Construction Claims Muestra oficial. Prefiere la comparación contra trabajo no afectado del propio proyecto.
- Barnard, Philip D. (c. 2020). Assessing Labor Productivity Interface Consulting. Criterios de comparabilidad y límites prácticos de la milla medida.
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